Un día de cacería

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Un día de cacería

Mensaje  Mariluz el Miér 30 Nov - 11:40

Cuento corto

En las abruptas montañas de Cabonico provincia Holguín, Cuba, vivía Pompeyo. Campesino de pura cepa, nacido y criado en un entorno de vegetación exuberante, cuyo interlocutor más cercano después de su familia era el papagayo, por no decir que eran las jutías salvajes; las cuales se habían familiarizado tanto en el hogar que desayunaban, almorzaban y cenaban con esta familia: símbolo viviente de lo que fuera la cultura indígena y primeros ancestros del pueblo cubano.
Pese a lo inhóspito del lugar, Pompeyo recibía visitas frecuentes de la ciudad, que llegaban allí en busca de frutos para reforzar la precaria dieta alimenticia que recibe cada ciudadano por parte del gobierno a través de la cartilla de productos normados.
Así fue que Julio conoció a Pompeyo un día que fue a buscar mango. Y estrecharon tanto los lazos de amistad que las visitas de Julio a casa de Pompeyo fueron más allá de los mangos. Todos los domingos ambos amigos se iban de cacería.
Pues debo señalar que Pompeyo por sus dotes de cacique experto con olfato de sabueso, ocupaba el cargo de Jefe del Club de cazadores de ese Municipio hacía más de treinta años. Su historial en el desempeño de estas funciones siempre había sido destacado.
Un domingo Julio y Pompeyo, se internaron en el monte con la intención de cazar un venado, alrededor de las seis de la tarde se dieron cuenta de su frustrado intento, por lo que decidieron regresar al hogar. Pero Julio se dio cuenta de que Pompeyo había enmudecido. Su conducta era rara.
__¿Qué te pasa Pompeyo? __le preguntó Julio__. ¡Te veo como pasmado!
__Julio, amigo, si te digo una cosa no me la vas a creer __respondió Pompeyo.
__¿Qué pasa Pompeyo? ¡Dime de una vez…qué está pasando...!
__¡Estamos perdidos en el monte, Julio! ¡Ahora sí que la cosa está puñetera!
__¿Qué estamos perdido? __se asustó Julio__. No puede ser, usted es cacique en todos
estos matorrales, hasta el perro jíbaro te respeta.
Y debo decir que estos dos amigos por más que buscaron el camino de regreso al hogar no lo hallaron tuvieron que pasar la noche en el monte. Situación que resultó para ellos tenebrosa por el graznido de las lechuzas que no callaron ni un solo minuto.
Con los claros del nuevo día encontraron el camino con tremenda facilidad. Casi que durmieron en el susodicho camino, y la casa se veía a simple vista a un km de distancia.
__¡Maldito olfato mío! __exclamó Pompeyo__. ¡Solavaya…Satachia!
Y para concluir debo decir que Pompeyo era mi tío por parte de madre...



Mariluz Reyes


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