Sonetos del 1 al 20

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Sonetos del 1 al 20

Mensaje  Ramón García González el Jue 20 Dic - 17:17

1

POETA

No me lo dijo el viento marinero,
ni el sonido del mar, ni el de la espuma,
ni la flor de azahar cuando perfuma
mi corazón si digo que te quiero.

Ni me lo dijo en sueños el velero
que me acompaña siempre entre la bruma.
Ni el pájaro cantor de blanca pluma
que vive entre mis labios prisionero.

Nadie me respondió cuando pedía,
ni se abrieron las puertas si llamaba
con la razón del alma siempre inquieta.

Pero la vida pasa y cierto día
a pesar de que a nadie le importaba,
el yunque del amor me hizo poeta.

2

He sentido tu voz de madrugada
florecer en mis sueños, tantas veces,
que sin saber quién eres, me enloqueces,
cada noche que siento tu llamada.

Que no hay alba que anuncie tu llegada
ni silencio que llore si falleces.
Tú, cuando quieres, llegas, permaneces
y te vas sin nombrar ni ser nombrada.

No sé si eres producto de mi mente
o el ave del amor que busca nido.
Si eres luz celestial o sombra ausente

o frenesí del párpado dormido.
Sólo sé que te quiero, solamente,
y que si eres mujer me habrás querido.

3

Compañera de amor y madrugada.
No hay golpe de la mar que te fatigue,
ni esperanza lejana que no abrigue
tu corazón oyendo mi llamada.

Siempre vas por el eco acompañada
de una ternura fiel que te persigue,
como la luz del sol que no consigue,
lo que mi sombra siempre enamorada.

Hoy cumples medio siglo y en tu acento,
se nota que has colmado de abundancia,
lo tuyo, lo de todos y lo mío.

Mi regalo es, Amor, que te presiento,
donde la rosa gesta su fragancia
y el agua en su cantar la luz del río.

4

SONETO A JUAN GIL-ALBERT

Y dejaré la luz por las tinieblas
cuando el Señor se acuerde de mi nombre
o cuando quiera abrírseme la tierra
en el regreso al seno de lo ignoto.

Y esta duda que inunda los embalses
de todos los canales de mi cuerpo
¿será el manjar futuro de la araña
o el labio que se injerte en la amapola?

Reposaré en el surco, brevemente,
que al brillante rejón de los arados
le gusta dividir sus horizontes.

O seré desclavado por el viento
y entregado a la luz de las alturas.
Que a todo aspira el hombre cuando sueña.

5

SONETO A GLORIA FUERTES

A veces me despierto por la noche
y en vista de que no regresa el sueño,
destilo mi vesícula en la copa
del ultimo ladrón que se me ocurre.

Otras, de la bondad del hombre, bebo
en la fuente que mana el sentimiento
o me dedico el verso que no acabo
y escarcho de ternura mis recuerdos.

A veces se me llenan los embalses
de la melancolía y rompo en llanto
por sentir en el río de mis venas

navegar un dolor que va de paso.
Así son muchas noches del que piensa
que el silencio es el alma de un poeta.

6

A LA MUERTE DE ANTONIO
BIENVENIDA

Debió de ser un toro de bandera
en el último quite de tu vida,
con Sevilla y Madrid en la barrera
recogiendo la rosa de tu herida.

Debió de ser un día, en primavera,
cuando alcanza su cenit la corrida
y explicabas con ritmo de habanera
que el Arte se llamaba Bienvenida.

Así debió de ser, para la gloria,
de tu raza y tu casta de torero.
Que mereces estar en la memoria

con José, con Manuel y con Granero.
¡Así quiero soñar qué fue tu historia
y oculte la verdad un burladero!.

7

A LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS

!Madre y Virgen de los Desamparados!
Sal de tu camarín una mañana
a bendecir mi barca y mis pescados
con un rayo de luz de tu ventana.

Déjame ser tu guía por algares
donde viven los peces soñadores,
de las rosas que adornan tus altares
y el tapiz que perfuma tus favores.

Viste por mí tus galas marineras
y cantarán por Ti los timoneles
que conducen estrellas mensajeras

y si Tu Gracia quiere, en mil claveles,
convierte para Ti, en tus primaveras,
mi barca rebosante de pajeles.

8

Este saber que soy por ti querido
más allá de la vida y de la muerte,
me hace pensar, que sólo por quererte
ya merece la pena haber vivido.

Este saber que siempre has concebido
hijos que son la estrella de mi suerte,
de tenerlos tan cerca y de tenerte,
son cosas, corazón, que nunca olvido.

Este saber que siempre está tu mano
esperando el consuelo de la mía,
en este duermevela que gozamos.

Hace que yo te diga este verano,
que después de quererte, cada día,
no me importa saber a donde vamos.

9

Quisiera ser la estrella matutina
que derrama su luz por los algares,
para darte del fondo de los mares
la perla de la luz alabastrina.

Y sentir que en el fuego se calcina
el iris de mi verso entre cantares,
cuando quiebran las llamas los pilares
y el alba se anticipa en la retina.

Quisiera de tu reino ser ceniza,
despojo de cartón, leve pavesa,
que el llanto de tus ojos cristaliza.

Quisiera de tu labio la promesa
que en la falla por siempre se eterniza
mi soneto en un fuego que no cesa.

10

CANTO A RAFAEL ALBERTI

Volverás con las sienes de platino
navegando en un viento de levante,
con tus sueños azules de marino
y tu ausencia granada de almirante.

Volverás a la tierra de tu espino
que te espera en su rosa más fragante,
para darle su aroma a tu destino
y la paz a tu sed de caminante.

Volverás a la eterna primavera
de mi Valencia en flor, a su Albufera,
cuando se torna el cielo en amapola

y en la playa los jóvenes delfines,
poetas de la espuma, aún alevines,
!rescatan de la mar tu caracola! .

11

PLAYA DE NAZARET DE VALENCIA

Esta playa que hoy sirve de letrina
a una ciudad famosa por sus flores,
hace tiempo fue bóveda marina
de un Sorolla inventando resplandores.

Hija del Mare Nostrum. Levantina.
Albergue de esforzados pescadores
que llegaban tragándose la quina
al hogar donde esperan sus amores.

Esta playa se ha vuelto un lugar muerto
donde toda Valencia deposita
lentamente sus últimos despojos.

Dicen que con el tiempo será puerto.
Pero quizás la mar no lo permita
al contemplar la pena de mis ojos.

12

TESTAMENTO ESPIRITUAL
DE RAFAEL DUYOS GIORGETA

Ruegas como sudario, una estameña
para cubrir tus restos. Y en las manos,
como timón, la cruz de los cristianos
sirviéndole de fe a tu contraseña.

Ruegas tan sólo una oración pequeña
que te sirva de escala y pasamanos,
para alcanzar los últimos rellanos
donde el alma despierta cuando sueña.

Ruegas que no lloremos tu partida,
porque piensas que el llanto no consuela
la otra forma de ser de tu existencia.

Pero quizás tu Dios te diga en vida
una oración que el labio no revela:
El llanto de mi verso por tu ausencia.

13

RETRATO DE CRISTO

Si es tu cara, Señor, el negativo
que en la Sábana Santa quedó impreso
y el dolor que reflejas decisivo
para salvar al hombre en tu proceso.

Si naciste, Señor, para cultivo
de tantas amarguras, que hasta el beso,
que es símbolo de amor, te hizo cautivo,
!debiste convertir su carne en yeso! .

Que el hombre malgastó su inteligencia
para inventar la muerte prematura
en nombre del progreso y de la ciencia.

Mientras Tú, convaleces de tortura,
todos convalecemos de conciencia.
Que es una forma triste de locura.

14

Aún soñando, que claro es el acento,
de mi voz sin palabras, sin sentido,
sin corazón que impulse el sentimiento
ni brisa que derrame su sonido.

Aún soñando, que grato es el momento,
de compartir los pulsos y el latido
y el beso y la mirada y el aliento
de un espacio de amor desconocido.

Y despertar febril de madrugada
sintiendo tu perfume todavía,
mientras la sangre vuela por las venas.

Si no sueño contigo, no soy nada.
!Compañera del Alba! !Vida mía!
Cada noche presiento que me estrenas.

15

DERIVA EN JAVEA

He dejado por ti sobre los mares
una estela de barco a la deriva,
un no saber que hacer, ni adonde iba,
con mis sueños sin alas ni pilares.

He dejado los altos alminares
donde todo mi ayer fue tentativa,
sin la gracia del ser que la motiva
ni la sal que me da blancos a pares.

He llevado por ti tanta tristeza,
tantos días sin sol y tanto olvido
que me duele tener un sentimiento.

Cúbreme dulce mar esta flaqueza
de navegar sin rumbo conocido,
condenado a quejarme como el viento.

16

Para el dolor del hombre y su amargura
inventaron los sueños la esperanza,
esa palabra tierna, pero dura,
que la muerte no inclina en su balanza.

Para el misterio oscuro de la muerte
inventaron los dioses otra vida,
donde el hombre es eternamente fuerte
para colmar de dicha su medida.

Para llenar el cielo de luceros
el crisol de la especie victoriosa,
la mujer alimenta en sus entrañas.

Y cuando todos fueron los primeros,
con el aroma eterno de la rosa
se conformó quién hizo estas hazañas.

17

Hay quién piensa que el cielo es el paisaje
que ha de gozar el hombre cuando muera
y que su azul es sólo la frontera
donde dispone el alma su pasaje.

Otros, por el contrario, en su equipaje
de esperanzas, no ven otra ribera,
que la tierra al final de su carrera
y se resignan ciegos de coraje.

Yo no tengo más tierra ni más cielo
que el corazón de un hombre agradecido,
que al presentir que el tiempo se termina,

da gracias a Valencia, y en su suelo,
quiere dejar su amor haciendo nido,
y en la luz de su mar a su heroína.

18

Andaba por mis sueños tan contento
que la palabra, amor, me florecía.
Era estar con la gracia en armonía
sin presentir el fin de ese momento.

Una brisa me dijo que fue viento
y una estrella que el ángel de mi guía.
Y tan cierto era todo, que tenía,
cada puerta que abría un sentimiento.

Más perfumó tu nombre mi memoria,
como perfuma Dios a cualquier niño
y desperté a la luz de tu mirada.

Porque sin ti, ¿qué puede ser la Gloria
y que cielo tendría sin cariño
Un alma de la tuya enamorada?

19

SONETO – VILLANCICO EN EL NACIMIENTO DE JAVIER GARCÍA CORONADO

Tan claros son tus ojos como el cielo
que te ha visto nacer entre palmeras,
y tu cuerpo tan limpio como el vuelo
del Espíritu Santo que superas.

No hay un verso de amor en mi desvelo
que adjetive la gracia que generas,
ni otro ser que derrame más Consuelo
sobre el mar de mi sangre y sus riberas.

Te pareces al Dios de los Belenes.
A la Estrella de Oriente que me guía
al más alto placer predestinado.

Confitura es tu nombre entre mis sienes:
Mi pequeño JAVIER. Primer GARCÍA
por la Gracia de Dios ya CORONADO.

Navidad. 1.982 Valencia.

20

MARIO CABRÉ EN BENICASIM, DESPUÉS DE VISITARLE...

Irreversiblemente condenado
llora bajo este cielo su amargura,
el que fue de la estrella enamorado
y del sol de la tarde su figura.

Vive sobre la mar desesperado
esperando el instante de locura,
que le arroje al profundo acantilado
donde la muerte hilvana su captura.

Llora el amanecer al ver su pena
porque agrega una espina a sus dolores
y un estilete azul a su calvario.

Todo dolor con otro se encadena
en un cuerpo de amor y desamores,
en el último quite al calendario.
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Ramón García González

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