SONETOS -LETANÍA A LA VIRGEN MARÍA

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SONETOS -LETANÍA A LA VIRGEN MARÍA

Mensaje  Chelo Álvarez el Sáb 16 Sep - 16:36

0
Santo Rosario.

Voy pasando, una a una, cada día
las cuentas del santísimo rosario
y lo rezo en tu honor, Virgen María,
fervorosa, delante del sagrario.

Hay misterios de gozo, de alegría,
en otros revivimos el calvario;
te dedico la hermosa letanía,
la que llena de amores tu santuario.

¡Oh, virginal Princesa!, coronada
con estrellas prendidas a tu pelo.
La Madre del Señor subió apoyada

en su amado Jesús al mismo cielo.
Revestida de sol, sobre la luna,
¡qué hermosa eres María, cual ninguna!
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1
Señor, ten piedad de nosotros

¡Oh, Señor!, ten piedad, porque te miro
y te encuentro de espinas coronado,
y me quedo mirándote callado,
tan callado que casi no respiro.

Ten piedad de nosotros, que retiro
la lanza que hemos puesto en tu costado,
los clavos que en tus manos han clavado
los clavos de tus pies mientras suspiro.

Me duelen las entrañas al mirarte
y ver tu santa faz atormentada,
no puedo ya dejar de contemplarte;

perdón por tanta sangre derramada.
Perdón, Señor, por tanta iniquidad,
te ruego nos perdones, ¡ten piedad!
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2
Cristo, ten piedad

Estar siempre contigo es cuanto espero,
sentirte y admirarte es cuanto aspiro,
y me duele el dolor cuando te miro
clavado en una cruz porque te quiero.

¡Qué triste es ver tu cuerpo en el madero!
¡Qué triste es ver tu cuerpo malherido!
¡Oh, Cristo!, ten piedad de mi quejido,
pues de verte en la cruz, también yo muero.

Permíteme que quite de tus manos
los clavos que han clavado mis hermanos,
que desclave las escarpias de tus pies.

Aunque no soy, Señor, la más valiente,
quitaré las espinas de tu frente.
Quiero estar junto a Ti, donde tú estés.
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3
Señor, te piedad

Cuando estoy junto a ti, mi Cristo amado,
aumenta mi inquietud profundamente,
pues palpo las espinas de tu frente
y noto todo el cuerpo ensangrentado.

Perdón por tu semblante atormentado,
por no saber vivir cristianamente;
transida de dolor y muy ferviente
retiro la gran lanza del costado.

Señor, por compasión, pido piedad
porque no supe ver mi cobardía,
si estás en esa cruz, fue culpa mía,

apiádate de mí, por caridad,
discúlpame por tanta mezquindad,
pues yo no supe ver que te quería.
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4
Cristo, óyenos

Confieso que mi fe es frágil, quebradiza,
y quiero que la tornes en fuerte y resistente,
reflexiono a tus pies pues tu bondad me hechiza
al contemplar tu cara siempre de odio carente.

Si notas que mi mano por tu faz se desliza,
te ruego que la dejes, que ella cure tu frente,
pues con solo tocarte de verdad se matiza
y se nubla la duda que llegó de repente.

Aunque el día se nuble y se sequen los mares,
aunque el sol se disuelva con su propio calor,
aunque nunca se escuchen de las aves cantares

viviré pregonando tu pasión y dolor,
exaltando mi credo por todos los lugares,
proclamando a las gentes que Dios es solo amor.
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5
Cristo, escúchanos

Como el agua que sigue la corriente
seguiré tras tus pasos, siempre en pos,
escoltaré tu estela eternamente
aunque esta herida duela como dos.

Me duelen las espinas de tu frente,
me duele el no pensar quien sois vos;
perdón si nos portamos malamente
en la amarga agonía de mi Dios.

Hoy te pido, Jesús, arrodillada,
que perdones mi culpa, por piedad,
hoy te beso la cara ensangrentada

y tus ojos me miran con bondad.
Me inclino ante la sangre derramada
que quisiera secar con humildad.
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6
Dios Padre celestial
Dios Padre celestial, aquí postrado,
de mi alma pecadora soy consciente,
no quisiera pecar de irreverente
con quien tanta piedad me ha regalado.

Mi corazón contrito y humillado,
afligido, culpable y penitente,
sangra por las espinas que en la frente
del divino Cordero hemos clavado.

Dios Padre celestial, tened piedad,
que en mi vida sin Ti no hay alegría,
si siento el alma gélida y vacía.

Acógeme Señor, por caridad.
¡oh, Dios! que miras de tu excelsa cumbre,
enciéndenos la luz que nos alumbre.
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7
Dios, Hijo, Redentor del mundo

Ante ti me presento, Jesús mío,
postrándome a tus pies arrodillada,
es tan grande, Señor, mi desvarío,
no me dejes, que tengo el alma helada.

Hoy llego sola, triste, desmayada,
al notar que entre todo este gentío
solo tú eres verdad, en ti confío,
porque estoy de tu amor enamorada.

Aunque el cielo se junte con la tierra,
aunque sequen las aguas de la mar,
aunque no queden aves en la sierra,

te juro, Jesús mío bondadoso,
que dormida, despierta o en reposo,
nunca te dejaré, mi Dios, de amar.
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8
Dios, Espíritu Santo
Sola anduve vagando por la vida,
me bebí de la gente su locura,
degusté del sabor de la amargura
y quisiera cerrar al fin la herida.

Hoy he visto una luz resplandeciente
en tus ojos brillantes cual estrellas,
y palpo la ternura de las huellas
de tus manos de amor, sobre mi frente.

Mi deseo es estar siempre a tu lado,
que tu cerco me impregne de pureza
ayudando a los pobres con presteza

y que nunca halla un niño abandonado.
Derrama tu luz blanca en mi cabeza
Espíritu Santo, ¡luz de nobleza!
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9
Trinidad santa, un solo Dios

Augusta Trinidad que con anhelo
bajaste hasta la tierra pecadora,
brindaste tu asistencia redentora
a los necesitados de consuelo.

Augusta Trinidad, gala del cielo,
confianza del que sufre, ríe y llora,
mas no entiendo el secreto que atesora
tanta divinidad, y me conduelo.

Tu secreto es la fuerza del amor,
tu misterio es vivir con esperanza
de creer que un Dios trino y Redentor

dejó que le clavaran una lanza.
Augusta Trinidad..., que con fervor
en el cielo se escuche mi alabanza.
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10
Santa María

Eres la más hermosa aquí en la tierra,
eres la gran beldad que hay en el cielo,
los ángeles te elevan en un vuelo
a la mano del Hijo que te aferra.

La Madre más hermosa, nunca yerra,
diligente regalas tu consuelo,
y aquel que ve tu rostro tras tu velo
palpará el resplandor que en él se encierra.

Eres rayo de luz del medio día,
eres iris listado de colores,
la más hermosa flor entre las flores,

la que goza de Dios su compañía.
Alimentan al sol tus resplandores
dulce Madre de Dios, Santa María.
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11
Santa Madre de Dios

Amar es conocer a la Princesa,
la que parió a Jesús, su hijo divino,
la Madre celestial, que se interesa
porque no tenga piedras mi camino.

Al sol le obsequia su aura esplendorosa,
al cielo le concede sus azules,
porque así es nuestra Madre, generosa,
y al Niño que parió cubrió de tules.

¡Oh, Señora! del cielo bendecida,
¿quien corona de estrellas sino Dios?,
azucena de nácar donde anida
a los hijos que vamos siempre en pos.

Del azul de tu manto, Madre mía,
jamás me apartaré, Virgen María.
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12
Santa Virgen de las vírgenes

¡Salve, jazmín de amor, rosal florido!
Virgen, dulzura y paz, pura y virtuosa,
de la tierra y del cielo eres la hermosa
que en el vientre a Jesús ha recibido.

La que tiene a Jesús recién nacido
y acaricia con mimo, esplendorosa.
¡Oh, Madre celestial!, prístina rosa,
la más pura y más bella que ha existido.

Ramillete de lirios y claveles,
de gladiolos y flores de azahar,
arcoíris de amor entre pinceles

que llevan a los pintores al altar.
Hoy te cubre un manto azul turquesa,
¡Oh, María!, ¡oh celestial princesa!
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13
Madre de Cristo

Piedad para la madre con el hijo
muerto y ensangrentado entre sus brazos;
tiene su corazón hecho pedazos
como un día el profeta le predijo.

¡Oh, Jesús! ¡Oh, tesoro de mi vida!
¡Deja lucero mío que te estreche
como cuando te dí mi blanca leche!
¡Déjame que acaricie bien tu herida!

Así llora María Inmaculada,
así llora la Madre desolada
al Niño que  bebiera de su pecho,

al Cristo que ella dio ternura y techo
lo acaricia la Madre con ternura.
¡Cuánta pena mi Dios, cuánta amargura!
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14
Madre de la iglesia

Madre de la Iglesia, bello iris listado,
te cantan al alba hermosos clamores,
las aves del cielo, mirlos, ruiseñores,
y las golondrinas que no han anidado.

Se inclina la espiga que hay en el sembrado
y hasta los rosales henchidos de flores
exhiben con júbilo vistosos colores,
porque con tu manto los has cobijado.

Madre bienhechora de todo cristiano,
Reina de bondad, dulce intercesora,
bendice a tu iglesia; no sueltes la mano,

de aquel que flaquea, sé su auxiliadora.
Estrella en la noche, albor vespertino,
muéstranos de Cristo su rostro divino.
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15
Madre de la divina gracia

Tú, la llena de gracia entre las mujeres,
el iris que invita a un cielo de amores;
estando contigo no tengo temores,
pues que sea feliz es lo que prefieres.

¡Salve, Reina y Madre! Cuando en una boda
dijiste a tu Hijo, "ya no tienen vino",
y Jesús amado, tu Hijo divino
convirtió en buen caldo, toda el agua, toda.

Haced lo que os diga, así de obediente
enseñas a todos, ¡oh, Reina del Cielo!
Lucero del alba, estrella fulgente,

tu imagen la llevo prendida a mi pelo;
la llena de gracia, de luz refulgente,
la que está a mi lado cuando me desvelo
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16
Madre Purísima
Eres la flor del cielo más preciada,
la que supo entender que la pureza
es la gracia divina consagrada
a Dios. ¡Eres amor! ¡Sin par belleza!
Virgen santa de estrellas coronada;
con diamantes ceñimos tu cabeza,
purísima, María Inmaculada,
las gemas no ensombrecen tu grandeza.
Hoy el cielo refleja la hermosura
de María, la Madre celestial,
la más humilde rosa, la más pura
nacida sin pecado original.
Salve, Reina del Cielo, dulce encanto,
te cubren los azules de tu manto.
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17
Madre castísima

La inocencia realza la belleza
de María, fulgor en la alborada,
el alma nacarada es la grandeza
de la Madre, sin mancha, inmaculada.

El cielo la eligió por su pureza
para hacerla de Dios, su Madre amada,
intacta de los pies a la cabeza
brillante y con estrellas coronada.

Cual violeta, humilde y pudorosa,
como el agua del fresco manantial,
sin mancha de pecado original

así es mi dulce amor. Como una rosa
es, María, mi Madre celestial,
la más casta, más pura y más hermosa.
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18
Madre siempre virgen

Doce estrellas del cielo te coronan de honores,
María, Siempre Virgen, símbolo de pureza,
bendita y alabada, que entre todas las flores
te eligió el Redentor por tu honor y grandeza.

Ni los nardos de nácar ostentan la belleza
de la Virgen y Madre, de la Perla Sagrada,
y me inclino, Señora, a tus pies con firmeza,
porque eres entre todas virtuosa Inmaculada.

Eres calma en el mar y luz en la alborada,
eres gozo, alegría de los que sufren llanto,
eres el alimento de quien no tiene nada,
la que nos da cobijo y cubre con su manto.

Hoy te traigo dos rosas, ¡oh, Madre Celestial!,
las más blancas y hermosas que tiene mi rosal.
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19
Madre Inmaculada

Sin mancha original, Inmaculada,
así fuiste, María, concebida;
bendito sea Aquel que dio la vida
a la Madre de Dios, glorificada.

Desde antes que nacieras, tu pureza
resaltó entre todas las mujeres
hoy te ofrezco mi amor, si lo requieres
bella flor de azahar, sin par belleza.

Los ángeles realzan la hermosura
con bello manto azul y sutil velo,
aunando la beldad y la dulzura.

María Inmaculada, ¡mi modelo!
Por ser Madre de Dios, virgen y pura
un coro celestial te alzó hasta el cielo.
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20
Madre Amable

Quisiera ser, Señora, quien camina
a tu lado creciendo en sentimiento,
quisiera ser el resplandor, el viento,
de tu fuente, ser agua cristalina.

Quisiera ser el sol que se adivina,
ser la luz que te arranque del tormento,
ser siempre yo quisiera tu alimento,
ser espiga de trigo que germina.

Quisiera ser jardín y rosa bella
para cambiar tus lágrimas por flores
brillantes como el sol cuando destella,

para ponerte un manto de colores.
Quisiera como Tú, ser intachable,
¡Oh, virginal María, Madre  Amable!
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21
Madre Admirable

Eres, Madre Admirable, mi alegría,
quien me llena de luz en la mañana,
y afirmo no decir palabra vana
aunque a veces me sienta sola y fría.

Si el maligno me tienta y desafía,
¡que me ardan las mejillas cual la grana!
Ayúdame, Señora , soy humana,
mas no quiero fallarte un sólo día.

Hoy los niños del pueblo madrugaron,
los claveles y rosas florecieron
y una alfombra de pétalos hallaron

las gentes recelosas que te vieron.
¡Oh, Reina Soberana!, te encontraron
y siguen a tu lado, ¡no se fueron!
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22
Madre del buen consejo

Te nombro Virgen Santa mi abogada
consejera y amiga generosa,
porque Madre y Señora, eres la rosa
más bella de bondades perfumada.

Por sencilla Dios Padre te bendijo
rebosante de amor entre la gente,
bondadosa, humilde y obediente
dando a Jesús tu maternal cobijo.

Eres Reina y Señora de los fieles
de este pueblo que te honra y te venera,
sé María por siempre medianera

y en la gloria bebamos de tus mieles.
Madre del buen Consejo, sé mi guía,
que yo te seguiré, dulce María.
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23
Madre del Creador

La que supo querer y, embelesada,
sus labios respondieron dulcemente:
"Mi vientre será cuna enamorada,
mis pechos saciarán la sed ardiente

en la tarde, la noche, o madrugada
y al Niño alumbraré entre la gente;
nada importa la noche desvelada
ni el murmullo velado que se siente."

Reina de la bondad, dulce y serena,
Madre del Creador, virgen y pura,
que te eligió el Señor por tu hermosura,

porque estás en verdad de gracia llena.
Oh, rosa sin espina, lirio en flor,
espejo eres del cielo y resplandor.
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24
Madre del Salvador

Cuando miro a la Madre dolorida
por el daño que al Hijo hemos causado
con puñales, y le hemos traspasado
su corazón henchido de bondad.
De rodillas, sentido, arrepentido,
te ruego Madre santa me perdones,
contrito rezaré mis oraciones,
hazme ver Virgen Santa tu verdad.

Me conmueve la imagen afligida
de María con su Hijo ensangrentado,
yo sé que ha sido y es crucificado
por los hombres colmados de maldad.
Me postro ante tu imagen decidido
a implorar el perdón sin condiciones
lo mismo que a Jesús, no me abandones
te suplico Señora, ¡ten piedad!

No quiero verte Madre, así transida,
qué negro es el pesar que he provocado,
tres veces a Jesús hoy he negado
perdóname, mi bien, por caridad.
Hoy en negra tristeza estoy sumido
y se visten de negro los balcones,
te acompañan mujeres con mantones
tan negros como lo es tu Soledad.

Quisiera que vistieras de color
¡Oh, María!, Madre del Salvador.
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25
Madre de Misericordia

¿Cómo puedo, María, dulce encanto,
no mirarte a los ojos con dulzura?,
si te surcan las perlas de tu llanto
por el rostro de seda y hermosura.

¿Cómo puedes, María, con tu manto
cobijar a tus hijos?, ¡qué ventura!
Si me encuentro caída me levanto
pues tu mano bendita se apresura

a quitar toda piedra en mi camino,
o dejar a las rosas sin espinas
porque viva en un mundo de concordia.

Con tu mano, aseguro mi destino
porque todos mis pasos iluminas,
dulce Madre de la Misericordia.
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26
Virgen prudentísima

Discreta y moderada, Madre mía,
la que supo callar como ninguna,
a Ti, vergel en flor, claro de luna,
te regalo mi amor, mi compañía.

A Ti, porque callabas si sufría
el niño que acunabas en la cuna,
te entrego las estrellas, una a una,
te ofrendo mi palabra y mi alegría.

Prudentísima Reina, cautelosa,
dulce miel de panal, flor de romero,
que te alzaron al cielo por hermosa,

arcoíris de amor, ¡cuánto te quiero!
Magnánima María, sigilosa,
por ser tan comedida, te prefiero.
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27
Virgen digna de veneración

Virgen de sol vestida, te venero.
Princesa con estrellas coronada,
así eres tú María Inmaculada.
la que cuida a sus hijos con esmero.

Eres jardín en flor, paz y lucero,
la perla de los mares nacarada,
eres ave del cielo enamorada
y te cantan el mirlo y el jilguero.

¡Oh!, Virgen digna de veneración,
del jardín terrenal la mejor rosa,
te regalo mi amor y admiración.

Por algo te eligió Dios como esposa,
dulce Madre del Hijo y corazón
Alba como la luz, pura y hermosa.
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28
Virgen digna de alabanza

Paloma que nos cuidas desde el cielo,
de noche, al claro día y en la aurora,
hoy vengo a recordarte de que anhelo
estar siempre a tu lado, mi Señora.

Virgen pura, tus ojos miran al suelo
y acoge al descreído que te ignora;
muestras al mundo tu ofrenda, sin recelo,
como Madre de Dios conciliadora.

Dulcísima María, gran tesoro,
Virgen piadosa y digna de alabanza
que en el cielo fulguras como el oro

y el mundo reconoce tu templanza.
Tu prudencia y mesura revaloro,
¡oh, María!, cual rayo de esperanza.
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29
Virgen Clemente

Dulzura de los ángeles del cielo,
así eres Clementísima María;
tu bondad me acompaña en el desvelo,
tu presencia me presta compañía.

Extiéndenos tu mano de esperanza
y aplasta con tus pies al enemigo,
si el maligno me tiende una asechanza
yo puedo, dulce bien, contar contigo.

Con tu manto bordado de indulgencia
te pido por los más necesitados,
no permitas el hambre y la indigencia
ni nos dejes jamás desamparados.

Por afable, indulgente y maternal,
te venero, mi Madre celestial.
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30
Virgen fiel

¡Oh!, Reina de bondad, blanca azucena,
nos extiendes tu manto que reposa
en la onda azul, cual nacarada rosa,
sobre el nardo, el jacinto y la verbena.

El estar a tu lado me serena,
porque mi alma contigo es amorosa;
alba, estrella del cielo luminosa,
eres fiel a nosotros, Madre buena.

Por estar con el Hijo a tu costado
hasta el último instante de su vida,
y no pudo sentirse abandonado
ni caiste como Pedro adormecida.

Hoy te entrego María este clavel
y con él te proclamo, Virgen fiel.
<>

31

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